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TANKAH

A Tankah le llaman parque pero es toda una jungla. 200 hectáreas de naturaleza, selva, agua y vida rodean este impactante lugar. Desde que llegamos, nos maravillamos de su inmensidad. Un guía nos da la bienvenida y nos lleva a conocer el cenote, el cual ha sido bautizado por los lugareños con el nombre de Naval. En la caminata nos explica que no toquemos los árboles señalados.

Estos llevan por nombre Che Chen, y son árboles tóxicos de la zona, que su resina produce quemaduras. En el muelle del cenote, nos relajamos, tomamos el sol y disfrutamos de una buena zambullida en el agua turquesa y cristalina. La transparencia del agua hace que puedas ver las plantas, peces y formas de las rocas que están hasta el fondo. Luego nos llevan al área de tirolesas. Nos dan arneses y un palo de madera que en esta aventura juega el papel de freno. Sin pensarlo dos veces y muertos de los nervios nos lanzamos ¡Yuhuuu! La sensación de volar, cruzando por el islote del lago es mágica.

El paisaje sumamente regocijante para el alma. Del otro extremo del islote nos espera un paseo en canoa por el lago. Casi no se escucha nada, solo los sonidos de la naturaleza. Salimos de aquí­ y la aventura continúa. Nos dirigimos a los jeeps para hacer un recorrido en la tupida selva. Un guía nos acompaña para manejar, pasamos senderos sumamente estrechos y nos comenta que aquí­ viven todo tipo de animales, desde jaguares, venados y hasta serpientes.

El contacto con la naturaleza y con la vida salvaje nos lleva a reflexionar sobre el cuidado que le debemos dar al planeta. El recorrido termina y ahora nos dirigimos al pueblo maya. Aquí­ vemos las pequeñas pero coloridas chozas donde viven los indígenas, y que están hechas de troncos de árbol, palma y barro. Escuchar la lengua maya con la que se comunican y probar su tradicional comida es invaluable.

Las mujeres mayas que usan lindos y elegantes hipiles color blanco con bordados de flores, nos han preparado para comer: pollo pib, frijoles, arroz y tortillas hechas a mano. La adrenalina ha bajado, y el sabor de los alimentos típicos del lugar comienza a calmarnos. Los mayas son una cultura milenaria y sus descendientes muy amablemente conviven con las nuevas generaciones. Si quieres apreciar más de cerca esto y convivir con alguna comunidad indígena, te recomendamos ampliamente visitar este fantástico lugar.